El problema de la basura en Chile.

Todos los países de Latinoamérica tenemos desde hace décadas el problema de la enorme cantidad de basura que producimos, y además del mal manejo que se hace de los desechos, que podrían ser recuperados para reutilizarlos, reciclados, o compostados.

Todos los países latinos, sin excepción, tenemos el problema. Evidentemente, en unos países se maneja mejor que en otros. Pero en general, las soluciones han sido cosméticas, porque no atacan el problema de fondo: disminuir la generación de basura y tener un sistema diferenciado de recolección y recuperación de desechos.

En términos más locales, en Chile se maneja el tema de una pésima manera. Según un conocido estudio de la OCDE de 2014, Chile es el país más sucio de América Latina, con respecto a la cantidad de basura que produce un habitante en promedio. Cada habitante de Chile produce unos 383 kilos de basura al año, siendo el promedio del resto de Latinoamérica, unos 230 kilos. Lo peor de todo esto es la poca conciencia ecológica de los chilenos, pues, según el censo del 2012, sólo un 16,9% de ellos dice que recicla, aunque la cifra es puesta en duda por varios expertos. En estudios más recientes, Chile sigue apareciendo dentro de los primeros lugares de países más contaminados, de los países miembros de la OCDE. Y el porcentaje de basura que se recicla, se calcula en un dígito.

Algunas comunas de Chile tienen mejor sistemas de recolección y recuperación de desechos que otras, pero en general, todas las comunas con muchos habitantes, en especial las más pobladas de Santiago, no cuentan con sistemas de recolección diferenciada, y menos con sistemas eficientes y funcionales que promuevan la reutilización y el compostaje. Con mucho disgusto me toca ver cada día como la gente de las comunas más céntricas de Santiago, está acostumbrada a tirar todos los desechos de su casa a un solo basurero común, en el que conviven por igual, restos de comida cocinada, desechos orgánicos como cáscaras y trozos de frutas y hortalizas, recipientes de materiales reciclables (latas, cartones, papeles, envoltorios plásticos, tetra packs, y cantidades industriales de plástico), partes de equipos eléctricos y electrónicos, periódicos y revistas que probablemente ni siquiera fueron leídos, y hasta defecaciones de mascotas.

Basta con que un camión de basura se atrase un día, para que tengamos que soportar acumulaciones de basura en cualquier mitad de cuadra, y no solamente en los lugares destinados a los contenedores comunales de basura, sino que basta con que alguien deje tiradas unas bolsas en cualquier lugar, para que el resto de los vecinos lo siga y en pocas horas tengamos un micro basural en medio de una calle. ¡Esto en plena ciudad de uno de los países más civilizados del continente!

En muchos edificios que viví en comunas céntricas, me tocó ver cómo a los inquilinos se les pedía que separaran la basura en “clósets ecológicos” donde se deben depositar los desechos reciclables limpios (lo cual los habitantes están obligados a hacer para no arriesgarse a multas), para que después los conserjes cometan la estupidez de tirar todo junto a un basurero común, con lo cual la separación sirvió únicamente para que la labor de la recolección de desechos en cada piso, simplemente fuera más placentera para quien la lleva a cabo.

Y la peor parte, es que si uno revisa visualmente la basura acumulada, rápidamente se da cuenta de la patéticamente exagerada cantidad de materia que no es basura, es decir, que son desechos, pero que no debieron haber terminado en un basurero. ¡Viva el rey plástico!, por doquier botellas de gaseosas, agua, jugos, lácteos, bolsas, plásticos de un sólo uso como vasos desechables y pajitas; enormes cantidades de cartón que se podría reutilizar o llevar a reciclar; abundantes recipientes de vidrio cuyo contenido se consumió en pocos minutos, ahora confinados a la basura; y lo que considero peor: sobras de comidas, en unos casos, simplemente sobrantes no consumidos tirados a la basura, y en otros casos, cáscaras y restos vegetales que son perfectamente compostables, que se podrían utilizar para crear tierra orgánica, que a su vez sirva para sembrar en pequeñas huertas caseras o comunales, que simplemente no podrán ser porque nadie tiene la visión de que es posibles utilizar esos desechos para este fin útil y sano.

¿Cómo se resuelve el problema? Primero, hay que tener en cuenta que el problema es multifactorial, por lo cual la solución no puede ser una medida única, pues la costumbre de tirar todo desecho a la basura sin pensar en más posibilidades de reutilización, o la disciplina de la separación en origen para el reciclaje, son problemas culturales, que la gente no está acostumbrada a llevar a la práctica.

En ese sentido, lo primero que hace falta sería una campaña agresiva de educación ambiental, para poder después aplicar políticas municipales y nacionales que obliguen a la población a hacer un adecuado manejo de sus desechos. Mucha gente dirá que no le da un uso a sus desechos, porque no sabe cómo hacerlo, pero la verdad es que hay una enorme cantidad de información en internet y en publicaciones. En lo que coincido, es en que, a pesar de que hay mucha información para buscar, ésta, en una porcentaje altísimo, se encuentra en forma de datos duros y procedimientos descritos sin alma, es decir, no están pensados como productos comunicativos bien diseñados para que gusten al receptor y lo muevan a la acción.

Aparte de lo anterior, el componente faltante más importante, es que las leyes nacionales de una vez por todas, obliguen a las empresas que comercializan productos, sea cual fuere el tipo de productos, a que se hagan cargo de recuperar los envases y envoltorios en los que venden sus propios productos.

En ambos casos, sea hacia la población, como hacia las empresas, “obligar” es un término incómodo y que parece grosero, sin embargo, así como hemos visto en otros campos, solamente cuando hay una condición externa (una ley, por ejemplo) las personas y sobre todo las empresas, realizan cambios de conducta que de otra forma, no pondrían en práctica.

Las soluciones no las puedo tener yo, y no creo que tampoco las pueda tener un experto en saneamiento ambiental, y aunque alguien las tuviera, no dependen de una persona que genere ideas, sino de una masa crítica que las ponga en práctica y demuestre que se pueden implementar por un grupo grande la población, para que estén validadas y después los gobiernos locales las deban de aplicar, sea como proyectos pilotos con miras a ser implementados gradualmente a nivel nacional, o sea por medio de leyes más contundentes y taxativas para quien no tenga la intención de querer adoptarlas.

Publicado por Roy Cruz.